Escena: Reunión de ejecutivos de corporaciones: los jefes. Dueñes de las apps, quizás entre elles el creador de Rappi, o la de Recursos humanos de Mercado Libre. Charlan entre cafés virtuales sus problemas, ¡porque no puede ser que nadie hable de sus problemas! Su crisis no tiene que ver con la pandemia global, ni con la inflación, pues a ellos casi nada les obstaculiza ganar sus millones.

Es una reunión de “networking”; así llaman a estos encuentros en vez de decir red de trabajo porque eso es casi de pobre. Hay preocupación en la sala, se puede notar, cuando uno de los ejecutivos plantea, casi entre lágrimas, la principal problemática que ha enfrentado estos últimos años: “Contrato a jóvenes profesionales, porque sé que ellos traen las nuevas formas y son el futuro y me dicen abiertamente que en un año planean recorrer Latinoamérica, o renuncian a los meses porque se van a hacer la Working holiday a Nueva Zelanda”. Así que esa era la preocupación del señor; que sus empleaduchos quisieran viajar también, como él lo hace cualquier día del año. ¡Si tan solo, sus empleaduchos pudieran! (el Instituto Argentino de Análisis Fiscal, el poder adquisitivo de les laburantes se redujo en los últimos tres años, en promedio entre 3 y 7 salarios).

Estamos hablando de una porción ínfima de la población, pero es algo que está pasando: 2021, año en que aún transcurre una pandemia global y el ingreso de Okupas a Netflix, también se manifiesta la peor pesadilla de los heads de empresa: Música de suspenso…. y el que aparece atrás con una motosierra no es Jackson, sino la nueva realidad del joven millenial que vino a destruir el sueño corporativo de antaño: Les jóvenes se enteraron que generar plusvalía para el jefecito no es la finalidad de sus vidas.

Escribe Marina Caivano