Esta semana el INDEC dio a conocer el último informe sobre la evolución del ingreso correspondiente al segundo semestre del 2022. Varios medios sacaron notas hablando de la mejora en la distribución del ingreso. Nosotres vemos los índices pero en la calle la realidad es otra. ¿De qué mejora hablan entonces?

Según estos datos, el ingreso promedio de la población ocupada en el segundo trimestre del año fue de $66.604. También se resalta que el ingreso promedio per cápita de la población con menores ingresos, más allá de si está ocupado o no, alcanzó un promedio de $30 mil pesos mensuales per cápita. 

Si bien se plantea que hay una “mejora” en la distribución de los sueldos, no obstante, lo citamos con comillas porque si analizamos la situación actual en la que se encuentra el país tenemos que hablar de la inflación constante en todos los ámbitos que nos rodean: alquileres, alimentos, ropa, servicios básicos, transporte público, cuotas escolares, salud y medicamentos, entre otros. Cabe mencionar que según el informe del INDEC el 61,7% de la población total  percibió un ingreso, cuyo promedio es igual a $66.552, ¿pero qué pasa con les laburantes que tienen un ingreso individual y pertenece al estrato más bajo, el cual ronda en promedio los $25.335? ¿Alcanza para pagar un alquiler? ¿O para los alimentos que se suelen clasificar como nutricionales para tener una dieta equilibrada? Claramente no y tampoco permite la posibilidad de ahorrar para casos de emergencia por ejemplo. 

Si analizamos los ingresos promedio de una familias con dos adultos y dos niños, según los datos mencionados se necesitan aproximadamente $119.757 para no ser consideradas pobres, es decir, se requieren más de dos salarios mínimos para poder subsistir, aun así… ¿Es suficiente?

Constantemente estamos en una montaña rusa en cuestiones de economía en el país, Sii bien los medios de comunicación masivos plantean que hay una mejora, que es muy leve, siempre se termina perjudicando la economía de los laburantes que cada día sufren la suba de los precios y tienen que buscar diferentes alternativas para llegar a fin de mes o incluso recurren a organizaciones o  a comedores comunitario  que ayudan a paliar un poco el golpe de un sistema que a diario busca terminar con una deuda, mientras que la sociedad y les laburantes son quienes debe pagar los platos rotos.

Un aspecto a mencionar y que no deja de ser importante, es la brecha salarial en cuanto a género que sigue habiendo entre varones y mujeres, ya que según el INDEC el ingreso medio de varones es de $76.306, mientras que el de las mujeres es de $56.997. Parece absurdo que en el contexto actual en el que estamos, pensando en que las mujeres lograron conquistas muy importantes gracias a la lucha y constancia y aun estando insertas en el mercado laboral hace décadas, siga marcada dicha disparidad, sin tomar en cuenta aquellos aspectos puntuales de la realidad de las mismas. En muchas ocasiones hay mujeres jefas de hogar, con niñes a cargo e incluso de adultos y lo que eso conlleva: pensar en la ropa, alimentación, salud, etc. ni hablar de lo caro que suelen ser algunos productos personales femeninos y el impuesto que le ponen por ser de un determinado color. Esta brecha sigue siendo un desafío pendiente del cual se suele hablar o debatir, pero nunca se llega a una solución, ni menos a alternativas para pensar en las futuras generaciones. ¿Acaso será una deuda que quedará pendiente? Siempre estará la excusa de “hay otros temas mucho más relevantes para discutir y aprobar”

En los medios de comunicación también destacaron titulares hablando de la desocupación, la cual remarcan que bajó un 6.9% y que esto se debe a la creación de nuevos empleos, sin embargo, ¿cuántos de esos nuevos puestos de trabajo pertenecen a la informalidad? Claramente la “flexibilización laboral”, política tan neoliberal que duele, llegó para quedarse con todo y con todos los derechos de aquellos trabajadores y trabajadoras que buscan constantemente insertarse en el ámbito laboral para mejorar su calidad de vida o para adquirir experiencia, siendo la informalidad muchas veces la única posibilidad debido a la desigualdad de oportunidades.

Entonces, ¿realmente hay una mejora en la distribución de sueldos? Solo por nombrar lo general: la deuda con el FMI tiene para largo y solo nos estamos acomodando a las primeras “metas” que implican recortes en presupuestos en áreas de suma importancia, que nuestra moneda se siga desvalorizando, que el empleo formal siga sin crecer, más gente en la calle y el campo abierto para que la derecha empoderada instale discursos de odio y exclusión.

De este lado siempre estaremos apoyando a les laburantes que se organizan y luchan. Porque sabemos que la salida es colectiva y los derechos se defienden todos los días en la calle.