Como muches de quienes nos siguen saben, desde La Defe acompañamos en reclamos de todo tipo a personas, colectivos y organizaciones. En ese camino transitamos todos los días los pasillos físicos y virtuales de la justicia. Sus sótanos, sus terrazas, sus cuartitos pequeños sin ventilación y con poca luz, sus edificios atiborrados de papeles que ya no deben ser legibles pero que ahí están, por orden de la justicia y juntando polvo y todos los resquicios y rincones donde, sin entender las verdaderas razones de algunas cosas, nos disponemos cada día a insistir en el reconocimiento de lo que consideramos justo.

La justicia, que en los últimos tiempos ha estado en todos los portales, diarios y canales de tv por protagonizar una de las mayores persecuciones judiciales de nuestra historia contra una líder política mediante lawfare, mañana tendrá otro round.

Pero antes de seguir, ¿Qué es el lawfare?

Si buscamos en google LAWFARE la traducción dice que es algo así como una “guerra de leyes”. También lo traducen como Guerra Jurídica.

Pero para entender bien de qué se trata, hay que ir un poquito para atrás. En los últimos 100 años casi todos los países de latinoamérica sufrieron golpes de estados que atentaron contra gobiernos democráticos y tomaron el poder por la fuerza. ¿Para qué? Para instalar desde arriba de un sistema económico liberal, excluyente y que garantice ganancias infinitas para unos pocos a costa del hambre y sufrimiento de muchísimos. En estos procesos se proscribieron líderes y partidos políticos por décadas, se recortaron derechos laborales, sociales y se anularon las garantías individuales de miles de personas. Con la llegada del nuevo siglo y la vuelta de las democracias en nuestro continente creímos que éstas lógicas habían cambiado.

Pero acá está la derecha, para decirnos una vez más que sí, pero no.

No podemos negar, sin embargo, que los métodos se refinaron y pasaron por el tamiz de la aceptación social. Acá entra el lawfare. Los medios de comunicación (ejemplo de concentración de poder) comienzan con un contínuo e intenso proceso de estigmatización y acusaciones con o sin sentido. Lo importante es instalar en la sociedad una idea, y hacia allí corren ríos de tinta, día tras día.

La segunda llave del proceso de lawfare está en la justicia. Se crean uno, dos, diez procesos judiciales que no necesitan cumplir con las leyes procesales, de debido proceso o siquiera con las garantías constitucionales más básicas. Ya no se debe probar la culpabilidad, sino la inocencia.

Pero claro que estos procedimientos especiales no son para cualquiera. No es casual que las personas que sufren lawfare sean líderes políticos que gozan de amplio apoyo popular (Evo Morales y García Linera en Bolivia; Rafael Correa y Jorge Glas en Ecuador; Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil) mientras que funcionarios como Nicolas Caputo, o el mismo ex presidente de Argentina, Mauricio Macri, todos quienes se beneficiaron ampliamente con la toma ilegítima de deuda pública sin un mínimo de beneficios para el pueblo, sino todo lo contrario, siguen  impunemente sus vidas sin ser acusados ni juzgados por poder alguno.

Es por ésto y muchas otras cosas que el sistema judicial actual, tal como existe, debe ser reformado. 

Mañana habrá elecciones en el Consejo de la Magistratura, y para todes les que tenemos un interés genuino por nuestro sistema de justicia, no será un día más.

El consejo de la magistratura es el órgano del estado que tiene bajo su órbita la responsabilidad de seleccionar y acusar jueces nacionales y federales. Es el órgano que administra al Poder Judicial y está integrado por abogades, jueces, diputados, senadores, académicos y un representante del Poder Ejecutivo. Hasta hace unos meses tenía 13 miembros. Ahora tendrá 20 por un fallo reciente de la Corte Suprema. El mismo fallo por el cual se nombra presidente del Consejo de la Magistratura al propio presidente de la Corte. ¿Qué? Re democrático, ¿no?

Entonces sí. El Consejo de la Magistratura es ese quinto subsuelo del sistema judicial que decide qué jueces deciden sobre qué temas, acepta o rechaza acusaciones y nombramientos y resolverá, en breve, respecto de las vacantes que hay en los tribunales de Comodoro Py. De acá, la importancia de las elecciones que tendrán lugar mañana, en las que se decidirán 16 de los 20 miembros que componen éste órgano.

Desde La Defe queremos expresar nuestra posición al respecto. Hace tiempo nos horrorizamos con el avasallamiento del sistema judicial sobre los distintos poderes que conforman el estado nacional y los estados provinciales y locales.

En un contexto internacional, regional y nacional que ejerce como principal herramienta política un crudo lawfare contra líderes y referentes de distintos espacios políticos, estas elecciones en el órgano que debería poner el ojo en éstos “vicios” de la corporación judicial son más que importantes. De ellas depende, en gran medida, si la persecución judicial tendrá vía libre en los tiempos venideros o no.

Por todo ésto decidimos apoyar la lista Celeste encabezada por Hector Recalde, abogado histórico de los y las trabajadoras.

Un abogado comprometido con los derechos de los laburantes y que conoce en profundidad las trabas que existen en el largo y difícil camino a la justicia, y quienes las ponen. 

Consideramos que buscar puntos de acuerdo en este contexto desquiciante es una necesidad de quienes queremos un mundo mejor. El peor ya lo está construyendo la derecha cada día.

La lucha por democratizar la justicia, hacerla permeable a las necesidades del pueblo y los laburantes y transformarla en una verdadera herramienta para los sectores vulnerables y desprotegides de nuestra sociedad es una tarea cotidiana que debemos tomar todes les que formamos parte, de una u otra manera, de los reclamos del pueblo argentino por lograr justicia.