La operación comenzó mucho tiempo antes de efectuarse la detención: detrás de sus lentes gruesos y coloridos, a tono con sus sacos rimbombantes y mirando a la cámara con expresión amenazante, Jorge Lanata efectuaba una persecución mediática paranoica. Y Milagro Sala cayó en la volteada.

Horas de aire carísimo fueron dedicadas a la dirigente de la Tupac Amarú. Pero las cámaras no mostraron las escuelas, los hogares y los espacios de recreación que se levantaron en Jujuy. O sí, pero con una narración en off minuciosamente guionada para que el espectador no viera lo que estaba viendo, sino otra cosa. Porque cómo pueden construirse clubes, casas y escuelas si no es desviando fondos del Estado. ¿Por qué alguien se preocupa por el bienestar y el futuro de sus coterráneos si no es para meter la mano en la torta? 

Es que los que viven hundiendo la mano en toda torta que se presente ante sus ojos creen que todos haríamos lo mismo.

No.

El resultado de esa operación, en un vertiginoso resumen, fue el siguiente: Milagro Sala está presa hace cinco años, los últimos con el “beneficio” de la domiciliaria. Pero está aislada antes de que el aislamiento fuera la última moda de la supervivencia. Su salud está deteriorada. La causa que la mantiene en ese estado es un montaje grotesco. Y lo peor es que todos, todas y todes lo sabemos. Pero Milagro sigue presa.

Milagro Sala estuvo presa toda la presidencia de Mauricio Macri, de principio a fin. Apresarla fue casi su primera movida con la banda recién estrenada. Su cómplice, claro, fue Gerardo Morales: el gobernador estrella de la gestión Cambiemos. Y así se inauguró la persecución con fines políticos, abiertamente violatoria de los derechos humanos, una tendencia heredada de los gobiernos militares -entre tantas herencias.

Durante los últimos meses de la presidencia fallida -sin querer queriendo- de Macri, resurgió la discusión sobre Milagro. Muchxs esperamos, claro, que el advenimiento de un gobierno contrario a dicha gestión la pusiera otra vez en la calle. Sobre todo tratándose de un signo político que hace de los derechos humanos su bandera.

No sucedió.

Al menos hasta ahora, un año después, no sucedió. Nada. Milagro Sala permanece encerrada. Aislada. No por iniciativa propia, claro. No está resguardada de la pandemia. Milagro Sala es una presa política hace cinco años. La democracia bien, gracias.

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