Dijeron que había un pueblo donde todos se parecían a él. Que había cruzado a Chile. Que estaba de vacaciones por ahí. Que se había enfrentado a un puestero y estaba herido. Que un camionero lo llevó a Entre Ríos. Que tal vez era un pibe que estaba en Esquel en una fiesta. Y no fueron mentiras de periodistas solamente, fueron afirmaciones de la por entonces ministra de Seguridad, Patricia Bullrich y todo un séquito de funcionarios que intentaron ensuciar la imagen de Santiago y su familia a cualquier costo. 

Santiago Maldonado desapareció luego de una fuerte represión de parte de la gendarmería en el Pu Lof en Resistencia de Cushamen, Chubut. Desde ese 1ero de agosto hasta hoy se fabricaron cientos de mentiras. 

Todavía no se determinó cuándo y dónde murió ni cuál fue la causa de su fallecimiento. Además hace pocas semanas, el Juez Rafecas archivó la causa que investigaba el espionaje que la Gendarmería le realizó a la familia  y a organizaciones de derechos humanos que los acompañan. 

La figura de Santiago fue utilizada por gran parte del arco político que hoy está en el poder. La fórmula era sencilla: el macrismo sumó otro desaparecido en democracia y la oposición encontró el lugar perfecto para hacer campaña. Luego, lisa y llanamente dejaron sin apoyo a la familia. 

Santiago apareció el 17 de octubre de 2017, justo tres años después de que encontraran el cuerpo de Luciano Arruga luego de siete años de búsqueda. Esta triste coincidencia da cuenta de que les desaparecides en democracia existen por más que les quieran poner otro nombre o, mejor dicho,  no los quieran nombrar. 

La impunidad de las fuerzas de seguridad se da cuando hay un Estado cómplice y en otros casos ausente, pero con aviso. No por nada en casi 39 años de democracia tenemos más de 200 desapariciones forzadas. No es un simple número y mucho menos en un país donde la palabra DESAPARECIDO tiene un significado tan doloroso. 

Hoy se cumplen 5 años de la desaparición forzada y aún hay cabos sueltos, promesas incumplidas y una causa que no avanza. El hecho de que no avance marca fuertemente el poco interés en que se resuelva el caso y que reine la impunidad una vez más. 

La desaparición seguida de muerte de Santiago es un crimen de Estado que no puede quedar en la nada, mucho menos cuando los culpables están haciendo campaña para volver en el 2023, con todo lo que ello conlleva.

Necesitamos seguir preguntando qué hicieron con él.