Mientras se llevaban detenidas a siete mujeres de la comunidad mapuche Lafken Winkul Mapu en Río Negro, el ministro de Seguridad de la Nación Aníbal Fernández afirmaba que el desalojo había sido pacífico y que no hubo represión. Una de esas mujeres estaba en trabajo de parto y no la dejaron tener contacto con nadie; otras tres fueron detenidas con sus bebés a los cuales estaban amamantando; mientras que las restantes fueron trasladas a Buenos Aires esposadas en un avión de la prefectura con la excusa de que en Bariloche no había lugar para alojarlas. Nada más alejado que Buenos Aires de su cosmovisión, de su tierra y de su gente. Primero la trasladaron a la montada de la Policía Federal, luego a Tribunales y más tarde a Ezeiza, donde se encuentran alojadas en este momento. En el medio sus familias no pudieron comunicarse, los organismos de DDHH tuvieron que pedir Habeas Corpus porque más que detención era un secuestro. Hasta el momento no hay información acerca de los delitos por los que se las imputa. El costo político vino de parte de la ministra de Géneros, Mujeres y Diversidad Elizabeth Gómez Alcorta, quien repudió lo sucedido y luego puso su renuncia a disposición, denotando la falta de unificación de criterios que hay dentro del propio gobierno. Pero la solución no es esa. Mientras hay un ministro de Seguridad fingiendo demencia y un presidente que no sale a decir ni una sola palabra, hay detenidas a las que se le violaron todos los derechos básicos en un país que tiene una larga trayectoria en la defensa y garantía de derechos humanos.  Es inaudito que las mismas personas que componen un frente que creó el Día del Respeto a la Diversidad Cultural, que se conmemora en un par de días, sean quienes justifican este accionar a favor del empresariado o se llamen a silencio y por acá bien sabemos que el silencio no es salud. Creíamos muy inocentemente que la doctrina Bullrich, que se cargó a Rafael Nahuel y Santiago Maldonado, ya se había terminado. 

Pero no termina ahí, el jueves por la mañana en la Ciudad de la Plata, policías del Servicio Penitenciario entraron a los tiros en la UNLP ya que supuestamente un detenido que fue a rendir un final se había fugado. Repasemos: entraron a los tiros a una universidad pública. Pero como si esto fuera poco, la bonaerense tuvo horas extras y a la noche fue a cazar hinchas al partido entre Gimnasia y Boca. Si, cazar. La excusa estuvo centrada en que la barra del Lobo estaba revendiendo entradas y ya sabemos que la barra no está compuesta por carmelitas descalzas pero nada, nada, justifica una represión, mucho menos como la que vimos en la que hubo familias enteras desesperadas, trabajadores de la prensa heridos, jugadores y cuerpo técnico esquivando gases lacrimóginos y un fallecido: Carlos “Lolo” Regueiro, de quien la autopsia revela que murió por un “paro cardiorrespiratorio no traumático”. Pero lo que no dicen es que su propia familia vio que tenía una herida en su cabeza y que al momento de llevarlo a una ambulancia, la policía lo llenó de gases. No es un muerto más, no es un muerto casual. Casi como su par de Nación, Sergio Berni dijo que él no tuvo nada que ver con ese operativo. Si no hubiera pasado lo que pasó, sería hasta un chiste bizarro, pero estamos ante una tragedia y salió a lavarse las manos mientras la familia de Lolo lo veló en soledad. ¿Y el gobernador Kiciloff? Bien, gracias. Otra vez el silencio, la falta de empatía y de responsabilidad. Desde el minuto uno Berni era una mala elección- recordemos la espantosa intervención en el caso Facundo Astudillo Castro- pero se ve que hay favores que deben pagarse. 

¿La escalada de represión y de actitudes antiobreras-antipueblo tienen que ver con hacer una campaña para ganar los votos que perdieron del empresariado y la clase media alta que aplaude estas cosas? 

No alcanza con que las organizaciones partidistas salgan a repudiar tibiamente sin nombrar a nadie. Supuestamente habían vuelto mejores…

Hay que estar atentos, el panorama represivo parece ir empeorando todas las semanas. Hay que seguir ganando las calles. Hay que seguir. 

Foto: LUAN – Colectiva Fotográfica