El noticiero de Telefé tiene una sección que se llama “Convenceme” donde se instalan debates polémicos que van desde si la tierra es plana hasta los beneficios de tener un parto domiciliario. Una persona que dice saber de un tema en particular tiene que convencer con sus argumentos a otras de que lo que dice es así. El jueves pasado el tema fue la pena de muerte. Así de liviano. Un abogado penalista dio sus argumentos de por qué estaba a favor, incluso si los condenados eran menores de edad. 

Hay que respirar hondo. 

Hay dos cuestiones principales para poner en la mesa, más allá de las opiniones que tengamos sobre esto. Por un lado tenemos un sistema penal que no contiene ni reinserta a quienes cometen un delito, sino que las instituciones carcelarias son utilizadas como meros depósitos humanos. Una de las personas que este abogado tenía que convencer es una vecina de la villa 21-24. Entre lágrimas dijo haber sentido que este penalista se estaba refiriendo a un estrato social al cual pertenece. No era percepción suya nomás: las cárceles están llenas de pobres. Viven en condiciones de hacinamiento y destrato y continuamente padecen violencia por parte de otros reclusos y sobre todo del Estado. 

Por otro lado, más de la mitad de los detenidos que hay actualmente no cuentan con condena firme, excediendo los dos años máximos que indica la ley para condenarlos o liberarlos. Con un sistema penal tan rudimentario, ¿nos podemos imaginar un escenario donde además exista la pena de muerte? Sí y sería atroz. 

Las estadísticas indican que en Estados Unidos desde que se implementó esta condena, 187 personas fueron ejecutadas y resulta que eran inocentes. Pueden decir que es un número bajo, que son daños colaterales y mucho más. Pero son vidas humanas perdidas por un sistema que solo sabe ejecutar. Y ya que estamos en el Norte, nos preguntamos, ¿cuál es el beneficio que la pena de muerte trajo en la sociedad? ¿Creó paz? ¿Disminuyó la inseguridad? Hoy ese país es uno de los más violentos del mundo.

Si lo trasladamos a nuestro país, con el sistema judicial que tenemos, ¿qué podría llegar a pasar? El abogado del informe de Telefé decía que para estos casos confiaba en que la justicia tenía personas aptas para no equivocarse. ¿Será la misma justicia que condenó a Fernando Carrera por ejemplo? Si no conocen el caso, recomendamos fuertemente el documental “El rati horror show” en dónde se relata cómo Carrera fue acusado de robar y fue posteriormente baleado y herido por la policía (de civil) que lo confundió, lo que originó que de modo inconsciente atropellara a una familia entera en Pompeya en el año 2005. De por sí estuvo detenido 11 años por un crimen que no cometió, si existiera la pena de muerte, seguramente ya lo hubieran ejecutado. ¿Y quién se hacía cargo de su muerte cuando se demostrara su inocencia? ¿Qué pasaría si eso lo hubiera decretado un jurado popular con todas las pruebas armadas por la cana?

Pero también nos planteamos otra cosa: por más que existan personas culpables de un delito, ¿de qué sirve objetivamente terminar con sus vidas? ¿Con qué autoridad? ¿Para qué instaurar una Ley de Talion que no termina “enseñando” nada?. Vayamos un paso atrás: podemos decir que el sistema carcelario actual funciona? Si el único objetivo es encerrar a ciertas personas para que el resto vivamos más o menos “seguros”, ¿qué es lo que “enseña”? ¿Cómo resocializa y prepara para que no vuelvan a cometer crímenes una vez afuera? 

Mientras la posmodernidad cancela a diario a personas por no pensar dentro de los estándares y busca silenciar esas miradas punitivistas mucho menos abstractos diseñan  el futuro represivo. ¿Acaso hay otra alternativa?

Estamos muy lejos del debate, aún falta tener un sistema judicial y penal efectivo y humano. Pero así y todo, por lo bajo quieren volver a instalarlo en las agendas mediáticas. No va a faltar el candidato a 2023 que lo proponga. Quieren mano dura cuando faltan resolver muchísimos problemas de base. Sean más creativos y en lo posible más humanos. Nadie está exento. 

¿Vos qué opinás al respecto?